martes, 9 de diciembre de 2014

Un “Impuesto Global”: la primera piedra del Gobierno Mundial

Un “Impuesto Global”: la primera piedra del Gobierno MundialUn “Impuesto Global”: la primera piedra del Gobierno Mundial

En estos momentos, gente en las altas esferas está trabajando activamente en crear las bases para un nuevo orden internacional, basado en el establecimiento de un único gobierno mundial. Sin embargo, para conseguir sus planes, primero deben poner la piedra angular que sostendrá a todo ese gran proyecto. Mucha gente cree, que es el sostén para el establecimiento del gobierno mundial ya ha sido cimentado y se trata nada más y nada menos que de la ONU.

La verdad es que la creación de un órgano como la ONU no es suficiente ya que hace falta un factor adicional determinante. En 1986 Ronald Reagan pronunció una frase memorable, cargada de ironía: “Soy del gobierno y estoy aquí para ayudar”.

A pesar de que la frase es muy cierta, habría que hacérsele una pequeña corrección, quedando de la siguiente manera: “Soy del gobierno y necesitamos más dinero”. Palabras muy parecidas a éstas, son, de hecho, las que se pronuncian desde elevadas posiciones estos últimos días.

Un ejemplo de ello lo encontramos en el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble en una columna de opinión titulada: “Por qué la Tributación debe ser Global”. Ésta frase debería ser suficiente para provocarle escalofríos a todo el mundo, pero la mayoría de gente lee un titular como éste y simplemente se encoge de hombros con indiferencia.

Para entender por qué sucede esto, debemos comprender cómo las palabras “gobierno” e “impuesto” han sido concebidas para evitar que la gente vea cómo están siendo gobernados en realidad. Si se llamaran abiertamente como lo que son, es decir, “mafia” y “extorsión”… ¿quién aceptaría su presencia como normal en nuestras vidas?

Siglos de lavado de cerebro han servido para oscurecer la mente de la gente ante la realidad del gobierno y los impuestos. Pero con la siguiente explicación, lo veremos todo mucho más claro: si alguien viene a exigirte dinero bajo amenaza de cautiverio o incluso de muerte, entonces verás claramente que ese alguien es un mafioso. Sin embargo, si alguien viene a exigirte dinero bajo amenaza de cautiverio o incluso de muerte y, al mismo tiempo dice que es un “servidor público”, entonces deja de ser considerado un mafioso y es llamado “recaudador de impuestos del gobierno”, o lo que es lo mismo “La Secretaría de Hacienda”.

No podemos negarlo, esta es nuestra realidad. Sin embargo, existe un interesante contraste para dar forma a este argumento: un “gobierno”, que se precie de serlo, no es realmente un gobierno a menos que pueda extraer tributos de sus ciudadanos. Si no puede cobrar impuestos, no es más que un viejo monstruo desdentado que vive en el bosque; nadie creerá en él y los que lo hagan, no lo tomarán en serio.

Un ejemplo claro de ello son las Naciones Unidas. La ONU habla y se presenta como un gobierno; tiene una asamblea donde representantes (no electos) van a pavonearse y a hacer grandes discursos políticos, como en un gobierno; tiene una bandera y un himno y todos los símbolos de un estado. Incluso tiene la apariencia física de un gobierno: se reúne en salones de actos ornamentados y dispone de una burocracia enorme, que como sucede con todos los gobiernos, es culpable no sólo de los pecados de omisión, sino de los pecados de comisión.

En realidad, la ONU no es un gobierno y nadie lo considera como tal en ninguna parte… ¿por qué? Simplemente, porque no puede obligar a nadie a hacer lo que quiere y no puede obligar a nadie a darle dinero. Por lo tanto, a la ONU nadie la toma en serio en el escenario internacional, a menos que sea por algún motivo de ventaja propagandística.

La élite financiera situada en la parte superior de la pirámide de poder, siempre ha sabido que imponer un impuesto global, apoyado con la capacidad de hacerlo pagar, es la piedra angular sobre la que gira su sueño de implementar un gobierno global para todo el planeta.

Al igual que ha sucedido con la imposición de cualquier otro impuesto anterior, no importa lo intrascendente que sea el impuesto en sus inicios, lo importante, es crear el concepto inicial y acostumbrar a la población a él… ¿No nos quejábamos los mexicanos del nuevo impuesto a los refrescos? ¡Resulta que ahora, todo mundo lo paga!

Pero pongamos un ejemplo más general y mucho más claro de este mecanismo. El impuesto denominado “tenencia”, se supone que era un impuesto temporal contemplado para cubrir con algunos gastos de los compromisos internacionales adquiridos por nuestro país. Sin embargo, este impuesto. Al paso del tiempo, se convirtió en parte de nuestras vidas. Una vez acostumbrada la gente a su existencia, con el tiempo, el impuesto se convirtió en obligatorio para toda la población, sin excepción.

Así es exactamente como se creará el impuesto mundial. Se venderá como un “bien público” al que muy pocos se atreverán a oponerse. De hecho, ya ha habido algunos primeros intentos para instituir un primer impuesto global. Una de las ideas que se ha hecho circular en varias ocasiones en los últimos años es el de un impuesto mundial al carbono.

Después de décadas de adoctrinamiento, un gran porcentaje de la población occidental está ahora dispuesta a creer que el dióxido de carbono está alterando gravemente el clima y que el mundo se va a acabar por el calentamiento global supuestamente provocado por el hombre. Como resultado, un gran número de personas están convencidas de que la solución es desincentivar la civilización gravando su propia existencia. Ésta es la esencia de la propuesta del “impuesto mundial al carbono” que ha sido empujado personajes como Ralph Nader en el Wall Street Journal, en un artículo de opinión del año 2008, titulado: “Necesitamos un impuesto mundial al carbono” y por otros personajes como Suresh Naidu en Jacobin Mag en un artículo de opinión del año 2014 imaginativamente titulado de la misma forma.

Afortunadamente, estas propuestas no han logrado traducirse en algo concreto en el plano político y parece que ésta propuesta va para largo. Otra idea parecida que busca establecer un impuesto mundial es la popular “Tasa Tobin”, también llamada “Impuesto Robin Hood”.

Básicamente, la Tasa Tobin consiste en imponer una tasa sobre las transacciones financieras, incluidas las compras y ventas de acciones, bonos, fondos mutuos, futuros y otros instrumentos. Incluso un pequeño impuesto del 0.05% por transacción sería suficiente para acumular grandes cantidades de dinero y a la vez desalentar el comercio de alto volumen y la especulación desenfrenada, mientras que los pequeños y medianos inversores ni siquiera notarían su presencia. Parece una gran idea, que aparentemente no tiene nada de malo, pero que en realidad representaría un primer paso en la dirección de crear un impuesto global y establecer un gobierno global. Pero por el momento, la propuesta tampoco logra arrancar.

Como los globalistas están descubriendo, incluso ofreciendo toneladas de propaganda al público, no llegan a conseguir convencer a la población de que acepte un impuesto global. Por lo tanto, y al menos hasta el momento, es improbable que consigan que la gente apoye la creación de un impuesto global recaudado por las Naciones Unidas.

Pero existe una alternativa ingeniosa con la que pueden salirse con la suya… ¿y si en lugar de imponer un “impuesto global”, imponen un “impuesto local” coordinado a nivel global? ¿cómo respondería entonces la población?

Esto puede estar ocurriendo ya delante de nuestras narices. Y es que los tratados y acuerdos comerciales son otro elemento vital para establecer un gobierno mundial. Estos tienen la capacidad de socavar la soberanía nacional e incluso alterar la constitución de un país, y por lo general se resuelven a puerta cerrada, en reuniones secretas llevadas a cabo por los llamados “representantes” del pueblo, conjuntamente con otras élites de poder de otras naciones. Del mismo modo que se pueden utilizar para cambiar las leyes, normas y reglamentos de un país, también, pueden ser utilizados para imponer gravámenes a personas en todo el mundo.

Éste es el caso de una negociación a puerta cerrada que tuvo lugar entre miembros de la Organización Mundial de la Salud en Moscú, el mes pasado. El encuentro fue tan secreto, que la prensa fue expulsada físicamente fuera de la sala en la se llevaban a cabo las deliberaciones.

Pero… ¿cuál era su agenda secreta? Pues implementar un impuesto del 70% sobre el tabaco, un impuesto que va a ser aplicado por todos los signatarios de un acuerdo anti-tabaco de la ONU. Al ser aplicado, el impuesto elevará el precio mundial promedio de los cigarrillos en un 107%.Si esto sigue adelante según lo previsto, se trata de un incidente preocupante.

¿Por qué razón? Pues porque se crea un precedente que posteriormente podrá aplicarse a cualquier clase de productos de consumo, mediante la aplicación de impuestos arbitrarios de “armonización”. Lo anterior, puede llevar a eliminar del mercado productos “indeseables”. Cuando esto se hace con los cigarrillos, la mayoría de gente presta apoyo a la medida, por motivos sanitarios.

Pero… ¿qué pasará cuando esto se aplique a otros sectores de la economía, o incluso a las tasas fiscales en general?

Como señala Lorenzo Montanari en un reciente artículo en Forbes:“En los últimos meses, Irlanda ha enfrentado una fuerte presión internacional y críticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre sus políticas pro-empresariales, incluyendo su competitiva tasa de impuesto de sociedades del 12.5% . Este es sólo otro ejemplo de una organización internacional no respaldada por ningún mandato electoral interfiriendo y socavando la soberanía nacional y la competitividad internacional”.

El sueño de crear un gobierno verdaderamente global con el poder de imponer y hacer pagar impuestos aún queda un poco lejos, pero con la aplicación de impuestos sobre el consumo a nivel mundial y la continua presión para “reprimir a los evasores de impuestos” (la excusa perfecta), mediante la armonización de las leyes fiscales y el intercambio de información fiscal entre los países, se estarán situando los primeros bloques de construcción de este sueño de las élites.

Esa es la auténtica razón por la que se habla de forma tan insistente de “los grandes evasores de impuestos” y de los “paraísos fiscales”.

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